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09 ene

Fracturas del Pilón Tibial

Definición

Llamamos fracturas del pilón tibial a aquellas lesiones en las que se rompen la tibia alrededor de la articulación del tobillo. Son fracturas que suelen provocarse por traumatismos o caídas sobre el lateral del tobillo.

Tipos

Según como sea el trazo de fractura podemos distinguir fracturas simples (fracturas con dos fragmentos) o fracturas conminutas (fracturas con múltiples fragmentos).

Según como se encuentren los fragmentos de la fractura, podemos diferenciar fracturas no desplazadas, cuando los extremos del hueso aun mantienen contacto; y fracturas desplazadas cuando no hay contacto entre los fragmentos óseos.

Por definición en estas fracturas son articulares, la superficie articular de la tibia esta afectada y generalmente desplazada.

Diagnóstico

Cuando el hueso de la tibia se rompe además de un intenso dolor alrededor del tobillo, la pierna puede acortarse y quedarse girada con el pie mirando hacia fuera. En la mayoría de las ocasiones no es posible caminar, aunque de forma muy poco frecuente puede darse la circunstancia de que la fractura no se haya desplazado y se pueda apoyar la pierna y caminar cojeando.

Es imprescindible realizar una prueba de imagen para poder afirmar que hay una fractura en un hueso. Para poder diagnosticar una fractura de tibia se suele realizar radiografías del tobillo y de la pierna. Con un par de radiografías puede ser suficiente para conocer el tipo de fractura y decidir cual va a ser el tratamiento mas adecuado. Sin embargo en ocasiones es necesario realizar un escáner (tomografía computerizada) o una resonancia magnética nuclear para poder concretar el trazo de fractura y el desplazamiento de los fragmentos.

Tratamiento

Las fracturas del pilón tibial requieren en la mayoría de las ocasiones tratamiento quirúrgico para resolverse.

Cuando la calidad ósea es buena y la fractura lo permite, se pueden utilizar clavos o placas atornilladas específicamente desarrolladas para mantener los fragmentos óseos correctamente alineados mientras se forma el callo de fractura.

Hay ocasiones en las que si la capacidad de marcha del paciente estaba muy diminuida antes de la fractura (generalmente vida cama-sillón) o si la situación general del paciente es muy mala (enfermedades importantes mal controladas) se puede optar por no operar; asumiendo que la capacidad para caminar va a quedar muy disminuida. De esta manera se intenta evitar los riesgos de la cirugía, que en ocasiones son fatales.

En la mayoría de los casos se intentara levantar de la cama al paciente en las primeras 24 o 48 horas. Habitualmente se suele inmovilizar el tobillo con una vendaje reforzado con escayola (férula posterior). Lo habitual es que no se permita apoyar la pierna. Generalmente es necesario utilizar un andador o unas muletas para repartir el peso del cuerpo. Son muy importantes los ejercicios de rehabilitación para recuperar la fuerza de los músculos que se han debilitado después de la fractura. Generalmente no hace falta seguir un programa específico para volver a caminar. Lo habitual es que se pierda agilidad y fuerza después de la fractura. Pero lo normal es que si la persona era capaz de desenvolverse de forma independiente antes de la caída lo recupere con el tiempo.

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